Mujeres
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Huertas caseras en medio de la ciudad

Transformando hábitos de vida para la salud y por el medio ambiente

Nos adentrarnos en el día a día de una mujer que lleva más de una década dedicada a las huertas caseras en una de las ciudades más grandes del país: Bogotá.

Esta es la historia de Alba Helena Cruz, una mujer que vive en la localidad de Engativá, en el barrio Marandú; es emprendedora y líder comunal, pasa sus días entre plantas medicinales, aromáticas y hasta tubérculos en su propia casa. Hace diez años decidió adecuar un rinconcito en la terraza de su hogar para regalarse “otra vida”; desde ese momento no ha dejado de compartir lo que ella llama ese “Contacto de amor”.

Consciente de la realidad de su sector y la crisis ambiental que existe en varios puntos neurálgicos de la localidad, Alba Helena decidió emprender su iniciativa empezando por cultivar algunas plantas aromáticas en el año 2011. Inicialmente se dedicó empíricamente a producir compostaje, sin embargo, a través del tiempo el Jardín Botánico de Bogotá se convirtió en su apoyo, recibió capacitación, acompañamiento y mediante el intercambio de semillas con otros emprendedores, su iniciativa fue creciendo.

Actualmente, en materas y recipientes reciclados adelanta este proceso productivo, que confiesa no ha sido tarea fácil porque ha tenido que enfrentar diferentes desafíos, entre ellos, perdidas de familiares y amigos que la han puesto a prueba, pero su temple y liderazgo la ha mantenido firme hasta en los momentos más difíciles de los últimos meses (en medio de  la pandemia).

A la fecha Alba Helena acompaña dos emprendimientos de niños y se las ha ingeniado para seguir enseñando sus conocimientos hasta por redes sociales. Además, en medio de la crisis de salud pública que vivimos recientemente, decidió repartir parte de su cosecha con los que en su momento más lo necesitaron (adultos mayores) de su sector. Así cuenta su experiencia: “Es una historia bonita porque el adulto mayor aquí en este sector son mujeres y viven solas, entonces yo me las ingenié para hacer una “manita” con un palito y yo iba hacia la casa de ellas y les llevaba un pepino, les decía que lo cocinaran como quisieran, las ayudaban los nietos. En un segundo piso, por ejemplo, había una abuelita, le hice una “mochilita” con una cabuya y ella desde ahí subía lo que yo le llevaba de aquí de la de la huerta; precisamente por eso, porque ellos necesitan es este “contacto de amor” que es muy diferente al estar uno en las redes; entonces yo lo que hice fue eso, hacer un recorrido y visitar varias abuelitas y compartirles las cosechas que salieron de acá de la huerta” –

Tal es el ímpetu de esta mujer aguerrida, que convenció a su esposo para conformar una de las empresas más admiradas en la localidad: productos naturales “Semillas de la Tierra”. Este emprendimiento que nació hace cuatro años y que funciona en el garaje de la casa, tiene los saberes de Alba Helena tras cinco años de trabajar con indígenas. Actualmente cuenta con nueve líneas de aromáticas orgánicas tipo tizana que comercializa a través de las redes sociales y en ferias campesinas en la ciudad.

Artículo tomado de Revista Confirmado. Clic aquí para ver publicación original 

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